Samskaras
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Las impresiones que modelan nuestras vidas
En la filosofía del Yoga, los samskaras son surcos o impresiones que se forman en la mente cuando determinadas ondas de pensamiento, o vrittis, se vuelven habituales. Actúan como fuerzas sutiles que moldean el carácter y el destino. Cada pensamiento con el que nos identificamos planta una semilla en la mente y, mediante la repetición, se convierte en una poderosa influencia sobre la conducta futura.
Algunos samskaras nos elevan hacia una conciencia superior, mientras que otros nos enredan en patrones limitantes. El Yoga enseña que son los arquitectos ocultos de nuestros hábitos y experiencias recurrentes. Comprender y transformar los samskaras mediante la meditación y la conciencia de uno mismo es esencial para la evolución espiritual.
Los samskaras se forman cuando prestamos atención y nos apegamos a las impresiones sensoriales. Si nos identificamos con un pensamiento, le damos vida y creamos un surco en la mente. Por ejemplo, al pasar delante de una pastelería y ver un éclair de chocolate, al principio puede surgir solo como un pensamiento pasajero. Sin embargo, si actuamos sobre ese pensamiento, compramos el éclair y saboreamos la experiencia, se forma un samskara. La repetición profundiza el surco: cada vez que pasamos por la pastelería, surge el recuerdo del placer experimentado, impulsándonos a repetir la acción.
Este ejemplo sencillo muestra cómo se forman y se refuerzan los samskaras. Comienzan como pequeños impulsos, pero, mediante la indulgencia repetida o el refuerzo constante, se convierten en corrientes poderosas que influyen en la conducta. Del mismo modo, si alimentamos repetidamente pensamientos de ira, miedo o deseo, dejan impresiones profundas que más tarde se manifiestan como rasgos del carácter. Así, la mente, como un CD grabado con surcos, reproduce las melodías de los samskaras que hemos inscrito en ella.
El Yoga afirma: «Como piensas, así te vuelves». Los pensamientos, formas sutiles de materia cargadas de energía, tienen el poder de moldear nuestro destino. Cada pensamiento deja una impresión, y la repetición frecuente de un pensamiento profundiza el samskara, haciéndolo más fuerte y más poderoso.
Si una persona alberga constantemente pensamientos como «Soy débil», esta idea se manifestará en su comportamiento, reforzando una sensación de debilidad. Por el contrario, afirmar «Soy fuerte» desarrolla un poderoso hábito de autosuficiencia. Los samskaras, una vez formados, tienden a perpetuarse a través de la acción habitual. Los pensamientos de miedo, ira o insuficiencia generan más experiencias similares, mientras que las afirmaciones positivas cultivan fortaleza, alegría y armonía.
Swami Sivananda nos recuerda que «el pensamiento es el poder más creativo del universo» y que la realización de este hecho marca el comienzo de un gran crecimiento espiritual. Mediante la comprensión del poder creativo del pensamiento, el yogui aprende a sembrar conscientemente semillas de positividad, dando lugar a un círculo virtuoso de pensamiento, hábito y carácter.
Vivimos sumergidos en un océano de pensamientos, atrayendo continuamente hacia nosotros aquellas energías que están más alineadas con nuestros samskaras dominantes. Lo semejante atrae a lo semejante: si nuestra mente está saturada de miedo, atraeremos circunstancias y personas que refuercen ese miedo. Si está llena de esperanza y positividad, magnetizaremos vibraciones similares.
Cada samskara emite vibraciones que influyen no solo en nuestra vida personal, sino también en la atmósfera mental colectiva de la humanidad. Los samskaras positivos elevan a la sociedad; los samskaras negativos contribuyen a su sufrimiento.
El poder de los samskaras se extiende incluso al ámbito del destino mismo. Gran parte de lo que llamamos destino no es más que la manifestación de patrones de pensamiento profundamente arraigados. Al reconocer la enorme influencia que los samskaras ejercen sobre nuestra vida, damos el primer paso hacia el autodominio. La senda del Yoga nos insta a tomar conciencia de estas impresiones interiores y a elegir conscientemente el tipo de semillas que deseamos cultivar.
El Yoga ofrece métodos poderosos para transformar los samskaras:
Mediante estas prácticas, la mente se purifica y se refina, transformándose en un espejo claro que refleja la luz del Ser.
La finalidad última del Yoga es la realización del Ser – conciencia pura e infinita más allá de toda impresión mental. Sin embargo, el camino hacia esta realización suele verse obstaculizado por los samskaras acumulados. Estas impresiones velan la verdadera naturaleza del Ser y mantienen la mente enredada en la inquietud, el deseo y la ilusión.
La meditación, combinada con una vida recta y un pensamiento recto, debilita sistemáticamente estos lazos. La práctica de la vigilancia constante, el discernimiento y el refuerzo positivo va erosionando gradualmente los samskaras negativos y fortaleciendo los virtuosos. A medida que los surcos destructivos se desvanecen, la mente se vuelve sátvica – pura, luminosa y serena. En ese estado, la meditación se profundiza de manera natural, culminando en la experiencia de unidad con lo Supremo.
El Yoga enseña que, en última instancia, los samskaras deben ser trascendidos por completo; incluso las impresiones de bondad y virtud han de ser abandonadas, dejando la mente libre, pura e infinita, como el cielo sin límites.